Y nos citamos varias veces en la universidad. Y hablamos de poesía. Y de Sabina. Y yo le dije haz esto y lo otro. Y Ebrahim hizo esto, lo otro y aquello. Doce meses tranquilamente. Los libros no deben tener prisa, yo siempre digo. Y al final, Hervor de la piel.
Que no fue el final, porque a último momento, el libro ya en prensas, Ebrahim quizo disponer de una dedicatoria que ya no era, de ningún modo, meritoria. A correr se dijo, y entonces sí que logramos el libro.
Hervor de la piel, de Ebrahim Narváez, es probablemente el primer poemario que nace de la poesía de más reciente registro.
Así lo confirma Alberto Martínez Márquez, quien me llamó una noche -estaba en un party, las voces de fondo me lo confirmaban- para ofrecerse a presentar el libro. Esto es un evento cósmico, de esos que suceden cuando los planetas se alinean, o hay eclipses lunares -me refiero al de alguien ofrecerse a presentar la obra de otra persona, sea Alberto o cualquier otro-.
Y fue bonito: en la librería Isla, Alberto lo resumió todo:
"El paso de lo orgánico a lo trascendental muestra en Hervor en la piel una poética consciente de sí misma, que alcanza una plenitud definitiva en el incesante devenir de su palabra. Con este poemario, Ebrahim Narváez se consagra como una de las voces emergentes que ya han comenzado a redefinir el curso de de la poesía puertorriqueña actual".
Ya Felix Córdova Iturregui lo había resumido en una oración: "Aquí hay un poeta".
Suficiente. Un poeta. Eso. Un amigo. Mejor ser humano.
Y cómo gusta ese librito...
Luego les cuento de James y Abdiel.
