Filos para Sophia 2.0, Beta Release

En el silencio nos suelen hablar las palabras.

Eso es, claro, en cuanto al silencio como posibilidad con mi hija Soph al lado.

A veces, uno simplemente no busca las palabras, sino que llegan, sea en una canción, en un letrero, en un poema. O mejor, en voz de quien menos esperas escuchar, como me suele ocurrir con Sophia.

No le pude dar mejor nombre, algo que corroboré recientemente cuando, sumido en un vago silencio, me cuestionaba varias cosas que han transitan por mi vida personal, y que necesitan ser cuestionadas, revisitadas, replanteadas, o, en el mejor de los casos, eliminadas. Hablo de ese momento donde uno ejecuta el Plan A y todo marcha a las mil maravillas y de pronto sucede una de las siguientes cosas: a-ya no encuentra diversión ni le importa el Plan A (o, en su defecto, el B, o el C); b- uno se pregunta si el Plan A es en realidad lo que uno quiere; c-alguien insiste en joderte el Plan A; d-uno se pregunta cómo sería todo si hubiese comenzado con el Plan B; e- comienza a pensar en el Plan CH.

O todas las anteriores.

Todo lo que uno piensa se columpia entre futuras posibilidades que tomarán cuerpo de memoria –para celebrar o lamentar- y el wishful thinking vago y fetal –para lamentar o celebrar-.

Entonces, mi hija se acercó a mí y me interrumpió con un “¿Qué haces, Papa?”. Pensando, le digo. ¿Qué piensas? Cosas ¿Qué cosas? Asuntos. Asuntos, ¿qué asuntos?

La miré de reojo y, sin ganas de pensar o discutir o de abrirme o de dar lecciones de vida, le dije: «Haces muchas preguntas».

La Soph calló. Y ya cuando daba el interrogatorio por terminado, me dice:

«Daddy, Daddy… life is made of questions. What can I do?».

Me levanté y la abracé y la besé, y creo que hasta lloré, pero no creo que ella todavía entienda mi reacción, o el dulcorífero dejo de lo dicho.

Las palabras nos traen la duda. Y la duda, el movimiento. Y el movimiento, la vida. Y la vida, es Sophia, que sin quererlo, me hace sentir que tengo certeza de algo.