4. Época

tarda el recuerdo
en endurecer la tiranía
de lo fugaz, esa prisa
de amarnos que se descalza
lenta en los muebles donde,
mirando el sol de octubre
vaciamos el silencio trozado
sin aire de los cuerpos
pospuestos en su quietud

yo me descompongo en sílabas
rotas y tú adoleces de palabras
para componerme en lo irrepetible

una suspensión de los sentidos
quedará aún después del último beso














3. Sonámbulo

Juraría que yo estaba despierto
cuando el sol te apalabró 
en la mañana




2. Inefable

siempre hay algo
que desdice el olvido,
como la tarde afable
en Congress Avenue,
cuando corrías en la lluvia
zapatos en mano
y te ofrecí cobija
bajo el paraguas rojo
que se me ocurrió 
llevar ese día
-la mejor idea
de mi vida-

sonreíste

bajo el paraguas
solo cupimos tú y yo,
y un café, y luego el vino

mi corazón aún sigue
allí, en Congress Avenue,
bajo la lluvia



1. Melifluo.

tender tu cuerpo a bondades lentas
hasta melificar en la constelación

que puebla mi boca
donde tus labios fabrican

la memoria de los poemas
que guardaré a ojo

cerrado de morder a medias
cuando tu voz se deshila y enlaza

el mundo que suena a ti
y llevo melaza en los dedos


En 1940, en un ensayo titulado “Necesidades de empresas editoriales puertorriqueñas”, Manuel García Cabrera, un editor español radicado en Puerto Rico, comentaba que “[e]n nuestra isla se siente la necesidad social del libro” y comentaba la falta de un sistema de libros y bibliotecas en el país. García Cabrera también aludía en su argumento al insigne pensador Antonio S. Pedreira, quien en su seminal ensayo Insularismo (1936) acotaba que “en Puerto Rico no se lee”. Ambas perspectivas se complementan en su proposición de causa y efecto: no se producen libros, no se lee. O viceversa. En todo caso, una forma de violencia contra el derecho a la educación y el progreso de un pueblo.

Al parecer, no hemos cambiado tanto. En Puerto Rico, quizás, ya no se trata de falta de espacios de producción editorial, sino de puntos de distribución y venta. Pero el problema de acceso a los libros tradicionales es legítimo.

En un país donde la imprenta, una invención del Medioevo, llegó apenas a principios del siglo XIX, el amor por los libros y el fomento a la lectura nunca materializaron como proyecto social de Estado. La historia es larga y tormentosa, y merece atención aparte, sobre todo porque el libro es un producto de consumo cultural que se ha visto afectado muy particularmente por los vaivenes de las crisis económicas. Aquel que creció y construyó su mundo con el libro tradicional, se queda con ese placer. Los que no tuvieron esa oportunidad, ya no podrán experimentarla a plenitud, sea en Puerto Rico, Panamá o Nicaragua.

El resto del ensayo lo acceden aquí: 





Me invita Krystel J. Bravo a publicar un poema diario durante el transcurso de cinco días. A su vez invito a Jocelyn Pimentel Rodríguez, que debe a su vez hacer lo mismo e invitar a otro poeta. ‪#‎hoyseescribe‬

«status update: de camino»
en el sigilo desnudo, el manso 
resplandor del día muere en mi mano
fría; la suerte cocida al dente
para vararla en el despilfarro tardío
de mis dedos, medusa a la deriva
como aguamuerta de la tiranía
espesa del tiempo en fuga,
sin potestad sobre lo que queda
oculto en la inmensidad aparatosa
que lesiona a versos el perfume salino
de las cosas tiernas, alevosías agolpadas
boca adentro como la danza incorruptible
de la memoria, donde la carne teje
bondades que entenderá más tarde
en el libro que escribo de camino
a algún modo de iluminación

Search This Blog

Loading...

Blog Archive